Los perros y los gatos, como todos los mamíferos, también mudan o cambian de dientes: de los temporales pasan a los permanentes, o como decimos corrientemente, de los de leche a los de hueso. Es un proceso que se da naturalmente entre los cuatro y seis meses de vida de los cachorros, y puede durar un par de meses. En este tiempo los dientes definitivos van empujando a los temporales hasta que estos se caen.

Las personas a su alrededor tal vez no noten este cambio porque los animales, a diferencia de los humanos, no pasan un tiempo en que se queden desdentados. En la mayoría de los casos se los comen sin problema para ellos. Lo que sí es evidente es un cambio en el comportamiento: se vuelven más mordedores. Es en esa etapa cuando los perros y/o gatos se dedican a morder los muebles, cuanto zapato se encuentren o cualquier otra cosa, ya que necesitan morder cosas duras para que se caigan los dientes por sí solos. Para ayudarles a que se les caigan los dientes, sin destrozar nuestra casa o las zapatillas, lo mejor es darles un juguete de goma específico para animales que puedan morder.

Los perros y gatos tienen cinco veces más probabilidades de contraer enfermedades en las encías que los seres humanos por dos razones: en primer lugar, tienen una boca más alcalina, es decir, menos ácida, que promueve la formación de placa; y en segundo lugar, a diferencia de los humanos, no suelen cepillarse los dientes después de cada comida. La gingivitis, o inflamación e infección de las encías, es una enfermedad silenciosa, que destroza la boca de nuestras mascotas provocando dolor crónico y enfermedades sistémicas. Restos de comida, bacterias y saliva se pegan a la superficie de los dientes formando lo que se conoce como “placa”. El sistema inmune de nuestra mascota intenta destruir la placa provocando inflamación de encías y pérdida de piezas dentales.

La enfermedad periodontal es silenciosa, como hemos dicho, pero hay algunas señales que, sabiendo identificarlas, nos pueden ayudar antes de que sea demasiado tarde. Encías rojas, inflamadas y sangrantes, restos de sangre en el agua o la comida, halitosis (mal aliento), masticar en un lado de la boca, pérdida de piezas dentales sin motivo aparente, apatía general y pérdida del apetito.

Sin embargo a diferencia de los niños, a los dientes de los perros y gatos no les dan caries; y esto se debe al tipo de bacterias que tienen en la boca, lo que disminuye la posibilidad de que se perfore el esmalte y produzcan caries. Nosotros tenemos unas bacterias que nuestras mascotas no comparten y que son responsables de las caries, el Streptococcus mutans. Estas bacterias se alimentan de restos de comida y segregan ácido como subproducto del metabolismo, que corroe el esmalte y produce caries. Sin embargo, hay otras bacterias que sí compartimos con nuestros amigos peludos, como las Porphyromonas, una familia de bacterias responsables de la pérdida de piezas dentales. Otras bacterias exclusivas de nuestras mascotas son P. gulae, que literalmente se “comen” las encías.

La conclusión de todo esto es que los dientes de nuestras mascotas, independientemente de que sean gato o perro, necesitan higiene bucal. La mejor forma de prevenir la formación de placa es atacándola desde varios frentes. Una forma es añadiendo alga parda al alimento de nuestras mascotas. Los componentes del alga parda se absorben, pasan a la sangre y de ahí a la saliva donde ayudan a prevenir la formación de placa. Además, el alga parda es muy saludable para nuestras mascotas, ya que es rica en minerales, oligoelementos, fibra, ácidos grasos de la serie Omega 3 y aminoácidos. El uso regular de algas pardas y un cepillado dental regular ayudarán enormemente a tener una boca saludable y un aliento fresco.

Una segunda manera de ayudar a que nuestra mascota tenga una boca sana es dándoles comida seca, no húmeda y, a ser posible, que las bolas tengas un tamaño un poco mayor. Los perros utilizan sus dientes más para rasgar que para triturar los alimentos, la comida se la tragan casi entera. Mientras que los gatos sí la parten. Dándoles un pienso de bolas algo más grandes, les obligaremos a masticar. La acción mecánica de fricción de la comida contra la superficie de los dientes ayudará a limpiarlos, y además les ayudaremos a que tengan una mejor digestión y utilicen su mandíbula.

La tercera forma es dándoles “chuches” caninas o felinas especiales para los dientes diariamente, pero sin abusar. Funcionan como las bolas de pienso, por fricción.

La cuarta sugerencia es cepillado diario. Existen en el mercado cepillos y pasta para los dientes de nuestras mascotas. Sólo cinco minutos cada día pueden hacer una gran diferencia.

Finalmente, si todo lo mencionado no es suficiente para mantener la boca de nuestra mascota en perfectas condiciones, habrá que visitar a nuestro veterinario para una limpieza profesional. Pero seguro que siguiendo estas indicaciones, las limpiezas de veterinario se convertirán en algo muy ocasional.