El aceite de pescado es rico en dos ácidos grasos esenciales: el EPA (ácido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico). Estos dos ácidos grasos pertenecen a la serie Omega 3 (n-3), considerados esenciales porque deben ser aportados en la dieta.

El aceite de pescado contiene más del triple de EPA y DHA que el aceite de salmón, con 18% EPA y 12% DHA frente al 3.5% EPA y 4% DHA del aceite de salmón.

Estados carenciales de omega 3 incluyen: descamación de piel, pelaje áspero y sin brillo, picores, caída excesiva del pelo, problemas en la curación de heridas, problemas hepáticos y del sistema reproductor, problemas de visión y de memoria. Con el tiempo, la piel desarrolla prurito, se vuelve grasienta y susceptible a infecciones, se ha observado una mayor incidencia de otitis externa, exudación interdigital y, además, en gatos, hígado graso y depósitos de grasas en riñones.

Durante el embarazo y el período de lactancia, las hembras de gatos y perros tienen una mayor necesidad de recibir omega 3, y carencias pueden ocasionar abortos o camadas enfermas. Los cachorros también tienen una demanda elevada de omega 3 para un correcto crecimiento y desarrollo.

Finalmente, los ácidos grasos de la serie omega 3 son absolutamente necesarios para la respuesta inflamatoria y alérgica, y han demostrado mejorar notablemente los procesos inflamatorios relacionados con la artritis.