La leishmaniasis o leishmaniosis es una enfermedad causada por un parásito llamado Leishmania, el cual se transmite por medio de la picadura de un mosquito del género Phlebotomus que habita en nuestra área geográfica.

La leishmaniasis en perros puede ser muy grave y hasta mortal si no se detecta y trata a tiempo. Es una enfermedad incurable y crónica, pero que el perro no la transmite a los humanos ni a otros animales.

La leishmaniasis canina puede ser cutánea o visceral. En el primer caso, el diagnóstico de la enfermedad es menos grave que en el visceral, que afecta sobre todo al funcionamiento renal, produce neuralgia, inflamación de los músculos y dolores articulares. Y en ambos casos, precisa de controles de por vida para detectar posibles rebrotes. Por ello, las medidas preventivas antiparasitarias, como mantener a raya a los mosquitos transmisores de la enfermedad, es la mejor manera de evitar que el perro contraiga la leishmaniasis.

El primer síntoma clínico y más habitual es la pérdida de pelo, sobre todo alrededor de los ojos, orejas y la nariz. Según la enfermedad va avanzando, el perro pierde peso aunque no pierde el apetito. Son habituales las heridas en la piel, especialmente en la cabeza, en las patas y en las áreas donde el perro está en contacto con el suelo al tumbarse o sentarse. Cuando el cuadro se vuelve crónico se complica con síntomas relacionados a la insuficiencia renal.

Esta enfermedad se puede prevenir con una vacuna, la cual se puede aplicar a los perros sanos a partir de los seis meses de edad. Esta vacuna desarrolla inmunidad celular, enseñando al sistema inmune a defenderse correctamente del parásito o sea que las células destruyen la enfermedad, así que la vacuna protegerá a nuestro perro cuando sea picado por un mosquito infectado. Se necesitan tres dosis el primer año de vacunación, una cada tres semanas, y se debe revacunar anualmente.

También existen otras medidas de prevención y protección como son: Colocarles a los perros collares antiparasitarios que sean repelentes de mosquitos. Usar regularmente productos antiparasitarios externos. Fumigar en zonas con mayor actividad de mosquitos. Evitar visitar en verano zonas húmedas y pantanosas. No pasear con tu mascota cerca de los ríos o zonas húmedas al atardecer que es cuando proliferan los mosquitos.

Los tratamientos para la Leishmaniasis son muy costosos y no protejen al perro de posibles recaídas, aunque sí aumenta la probabilidad de que tu perro sobreviva al disminuir los síntomas notablemente, incluso llegan a vivir muchos años gozando de una buena calidad de vida.

Las secuelas que sufrirá el perro después de la enfermedad dependerán en la medida de que hayan sido afectados más o menos sus órganos; así que si no se detecta a tiempo y no se administra inmediatamente el tratamiento necesario, puede resultar mortal sobre todo en casos de leishmaniasis visceral.